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 17/08/2016

 

 

Sí, es cierto: hidratarse bien no es absurdo y dos litros de agua no es mucho...
 
 
En alimentación y en nutrición hay una seria de lugares comunes que los medios de comunicación, especialmente, no dejan de repetir. Se trata de temas como lo que adelgaza y lo que engorda, lo que sube y baja el colesterol, las bondades de los omega-3 y, en los últimos tiempos, los beneficios de los antioxidantes y la necesidad de beber líquidos para mantener una vida activa o, simplemente, conducir.
 
Todo ello suele tener sus épocas claramente marcadas: lo que se refiere a la obesidad después de navidades, de semana santa y antes del verano. Las bebidas de diferente tipo y la hidratación durante las épocas de más calor, etc. Y a todo ello han venido a sumarse en los últimos tiempos un ingente volumen de información sobre las dietas sin gluten para personas que sin embargo no son celíacas, las maravillas de los licuados ‘detox’, lo que ocurre si se hace uno vegano y otras modas que revelan que comer sigue siendo una de las actividades humanas más frecuentes, más importantes desde el punto de vista psicológico, nutricional, social y no cabe duda que económico. Porque es cierto: en los países desarrollados la gente suele comer al menos tres veces al día trescientos sesenta y cinco días al año. Y cuando tiene algo que celebrar, come. O si está triste. O nervioso. O por que sí. Así que todo el mundo quiere venderte algo que se coma o se beba. Y todo el mundo opina al respecto y, sobre todo, en los últimos tiempos, lo hacen los famosos blogueros. Bloguero: persona que puede tener alguna titulación, o no, pero cuyo mérito (además de saber juntar las letras con cierta gracia) a niveles académicos es irrelevante.
 
Así, este verano hemos leído entre otras originalidades que la recomendación de beber diariamente dos litros de agua es mentira además de constituir un peligro cierto (¿?) y un mecanismo para enriquecer a esas oscuras empresas que nos venden agua con aviesas intenciones. Agua... menuda droga peligrosa.  
 

Según la Autoridad europea EFSA la ingesta adecuada de agua contribuye al mantenimiento de la condición física normal y de las funciones cognitivas así como al mantenimiento de los mecanismos adecuados de termorregulación.
 
 
 
En consecuencia, es necesario señalar algunos datos concretos sobre la hidratación que, sobre todo en verano, sí son esenciales y están científicamente contrastados:
 
 
1. Beber agua no es un capricho y las recomendaciones de ingesta están perfectamente identificadas y contrastadas: la Autoridad europea de seguridad alimentaria (EFSA) recomienda ingerir entre 2 y 2.5 litros diarios de agua a los adultos (mujeres y varones respectivamente). Y si son mujeres en lactación o gestantes, más: 2.7 L en el primer caso y 2.3 L en el segundo. Este es un dato bien concreto y lo demás son meras opiniones personales (ver aquí documento EFSA). 
 
2. En USA ya hace años se difundió una Guía de ingesta de bebidas basadas en las explicaciones anteriores. Abundaban también en lo anteriormente dicho autores tan prestigiosos como Popkin y B. Caballero.
 
 
3. La hidratación adecuada contribuye al:
 
a) Mantenimiento de la condición física normal y de las funciones cognitivas
b) Mantenimiento de los mecanismos adecuados de termorregulación
 
Sobre todos estos aspectos, y especialmente sobre el rendimiento cognitivo, pueden encontrar suficiente información en este documento:
 
 
 
4. No solo de agua vive el hombre. Cierto. No hay que beber solo agua. Y ciertamente si el agua es de calidad, puede ser del grifo o de un pozo o del río. Pero a mucha gente la gusta el agua mineral natural envasada. No sé donde está el drama para algunos talibanes... ¡es agua!, no una droga o un veneno. Al contrario: el agua mineral garantiza una calidad homogénea todos los días, pureza y no haber recibido ningún tratamiento químico. Pero no hay problema si alguien tiene problemas morales con el agua envasada: además, hay agua en las frutas, claro, y en las verduras, en la leche, en los zumos, en ciertas sopas frías (gazpacho), en las ensaladas... además de en las infusiones (té, café...) Hay que señalar de todos modos que los alimentos aportan en la dieta habitual únicamente entre el 20 y el 30% de todo el agua que necesitamos. 
 
 
 
4. Hay otras bebidas que aportan agua al organismo, pero su papel tiene que ser minoritario por diferentes motivos: la OMS afirma que el fin primordial del agua es hidratar. Punto. No tiene porqué aportar nutrientes y su papel no es aportar energía. Así que la gente bebe otras cosas... vaya descubrimiento. Porque le gusta, porque le quita la sed, porque le da la gana. Hay que señalar simplemente que su consumo tiene que ser moderado y adaptado a las características del individuo. Así, a quien le gusten, tiene que saber que las bebidas azucaradas deben ingerirse esporádicamente. Que cuando esas bebidas no tienen azúcar y sí edulcorantes acalóricos (bebidas ‘light’) deben tomarse... esporádicamente. Que las bebidas con alcohol (destilados) no deben consumirse para combatir la deshidratación y que seguramente te deshidraten más que te hidraten, incluso adicionadas a otras bebidas refrescantes de aspecto más inocente (el clásico ‘cubata’ o el gin tonic), que las bebidas fermentadas no deben consumirse (y en cualquier caso siempre por parte de adultos sanos y en cantidades moderadas y responsablemente) para hidratarse aunque calmen la sed. Es verdad: nadie se quita la sed con vino o con sidra. Pero sí con cerveza. Solo hay que bajar a mirar a las terrazas y a los bares cuando aprieta el calor... A este respecto, hay que señalar que la cerveza ciertamente calma la sensación de sed pero que como contiene alcohol incluso en cantidades moderadas... mejor se quita uno la sed primeramente con agua. Pruebenla con gas, bien fresca y con limón... Y luego, a quien le apetezca, que disfrute de su cervecita pero sin sobrepasar las cantidades estimadas como moderadas: una caña la mujer, dos un hombre. Buena noticia: si es sin alcohol, puedes tomar practicamente la que quieras.
5. Importante bobada mil veces repetidas: “cuando tenga sed, ya beberé”. Pues no. Reconocer la sed como un elemento básico y predominante en la hidratación es desconocer los mecanismos fisiológicos básicos que la rigen. Y en consecuencia la hidratación. Lo primero que hay que recordar es que la sed no es un mecanismo infalible. Evidentemente es un magnífico sistema para garantizar la salud y el equilibrio hídrico del organismo, pero no es un mecanismo perfecto. Y no lo es porque depende de estímulos y condicionantes fisiológicos, nerviosos y culturales. Así, la sed está alterada en su expresión en los más pequeños y en las personas más mayores o con trastornos neurológicos. No podemos dejar que una persona con Alzheimer, por ejemplo, se hidrate ‘a su gusto’, cuando tenga sed, cuando le vaya bien... porque probablemente se deshidratará.
 
Recordemos que en las grandes olas de calor en Europa de hace unos años (Francia, Rusia...) decenas de ancianos murieron deshidratados en sus domicilios y en las urgencias de los hospitales aunque tenían grifos en sus casas. Simplemente no bebieron lo suficiente... porque no experimentaban la sensación de sed.
 
 
Pero no solo eso: una persona sana, normal, adulta o joven, beberá más líquido simplemente porque esa bebida le guste más, esté más fresca o sea ligeramente dulce... O si no prueben a quitarse la sed en verano, un mes de agosto, en Sevilla, Écija o Córdoba, bebiendo infusiones bien calentitas de poleo menta... aunque, por el contrario, en otros países y culturas ese líquido caliente será preferido a una bebida fría.
 
 
 
Consejo práctico y fácil de seguir: hagan caso a los que de verdad saben. No todas las opiniones son iguales. Y difunda las recomendaciones correctas entre sus pacientes, familiares y amigos. Hidratarse bien es esencial en verano. Y en invierno. También es una costumbre, un hábito que se crea y mantiene igual que desayunar adecuadamente o tomar fruta o verdura. 
 
 
 
Dr. Jesús Román Martínez
Profesor de nutrición.
Universidad Complutense de Madrid.
 
 
 
 
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Asociación Científica no lucrativa. Fundada en 1986.
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