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 19/03/2018

Como bien sabemos, nuestra alimentación puede ser un factor preventivo frente a enfermedades crónicas como obesidad, cáncer o patología cardiovascular, o un factor predisponente de las mismas, dependiendo de nuestras elecciones alimentarias.

Existen alimentos o modelos dietéticos que se han encontrado que podrían tener un cierto potencial inflamatorio para el organismo, al igual que existen otros, con componentes antiinflamatorios como las verduras, hortalizas, frutas, legumbres… ricas en fitoquímicos.

¿Qué podríamos considerar como una ``dieta proinflamatoria´´ y qué como una ``dieta antiinflamatoria´´?

Para sentar las bases de cómo una ``dieta proinflamatoria´´ puede aumentar el riesgo de determinadas patologías, vamos a definir dentro de lo que sabemos a día de hoy, que podría ser una dieta de este tipo:

 Una dieta proinflamatoria sería una forma de alimentación basada en alimentos que han demostrado en diversas investigaciones alterar los marcadores inflamatorios del organismo favoreciendo un estado de inflamación. Estos alimentos fundamentalmente serían los siguientes: carnes procesadas y embutidos, carne más grasa consumida en exceso, azúcares libres o añadidos, harina refinada, grasas procesadas industrialmente, exceso de sal, refrescos, productos precocinados, fritos y rebozados…  Por supuesto, que una dieta con tendencia proinflamatoria no sería aquella en la que se consumen de manera puntual algunos de estos productos, sino en la que es habitual su presencia. De hecho, la mayoría de las investigaciones tienen en cuenta el patrón dietético completo y no se centran en un grupo alimentario específico puesto que se sesgaría el resultado.

                                  

 

En cambio, una dieta con potencial antiinflamatorio sería aquella que además de evitar o reducir al mínimo los productos mencionados anteriormente, es rica en alimentos vegetales: fruta, verdura y hortalizas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva virgen, y semillas y cereales integrales; y alimentos de origen animal de forma opcional como: lácteos de calidad, huevo, pescado y carne preferentemente magra y sin procesar, de los que posteriormente veremos su función.

Por tanto, una dieta proinflamatoria podríamos decir que además de contener productos no saludables, estos desplazarían el consumo adecuado de alimentos frescos con propiedades antiinflamatorias, por lo que empeoraría la calidad de la dieta aún más.


No solo debemos fijarnos en lo que decidimos consumir, sino que también en los alimentos que desplazamos.


 

¿Qué efectos pueden tener en nuestra salud los alimentos con carácter proinflamatorio?

Una vez definida la que podría ser una dieta proinflamatoria, vamos a profundizar sobre qué repercusiones puede tener para nuestra salud llevar una dieta de este calibre y porqué un estado inflamatorio aumenta el riesgo de determinadas patologías.

La inflamación es un proceso necesario para nuestro organismo porque es una respuesta o mecanismo de defensa frente a agresiones externas llevado a cabo por nuestro sistema inmunológico. De hecho, es un fenómeno fisiológico imprescindible para la vida, aunque una vez que es exacerbado o se desregula, puede causar graves daños para la salud. De ahí la importancia de mantener un balance entre los procesos antiinflamatorios e inflamatorios, en los que la alimentación juega un papel crucial.

Partiendo de la base de que los productos que hemos definido anteriormente como ``proinflamatorios´´ son alimentos altos en calorías, pero de baja densidad nutricional, podemos afirmar que aumentan el riesgo de sobrepeso y obesidad. El exceso de peso fomentado por una acumulación de grasa en el organismo, y una hipertrofia e hiperplasia de los adipocitos presentes en el tejido adiposo blanco, genera un estado de inflamación crónico leve. En él, se generan citoquinas proinflamatorias a nivel local y sistémico, liberación de sustancias como ácidos grasos a la sangre y procesos de desregulación hormonal. (1) Por otro lado, un estado inflamatorio del organismo también interviene en mecanismos que desembocan en obesidad, pudiendo generarse un círculo vicioso entre ambas situaciones.

 

                                     

 Esta situación es una de las principales causas de comorbilidades asociadas a la obesidad como: hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, diabetes tipo II, hipertensión arterial, cáncer, síndrome metabólicoLas patologías crónicas de creciente incidencia y prevalencia en los países occidentales tienen alta relación con la obesidad y con una alta adherencia a una dieta insana y rica en productos proinflamatorios. (1,2,3,4)

Sin embargo, estos marcadores proinflamatorios pueden disminuir si el individuo con sobrepeso u obesidad pierde grasa corporal y mejora su alimentación. (3)

Un estado inflamatorio del organismo también se ha asociado a una mayor resistencia a la insulina, desregulación de los niveles de glucemia en sangre e hiperinsulinemia en estudios observacionales, lo cual podría ser indicativo de un mayor riesgo de diabetes entre otras complicaciones. (2)

El estudio SUN (Seguimiento Universidad de Navarra) es uno de los estudios más importantes en España que relaciona dieta inflamatoria y desarrollo de patologías. Tiene una cohorte de más de 22.000 participantes graduados universitarios, jóvenes y con bajo riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares, que han sido seguidos durante una media de 9 años. Para medir la capacidad inflamatoria de la dieta que tomaban, utilizaron el denominado IID (Índice Inflamatorio de la Dieta), una herramienta creada por investigadores de Carolina del Sur (Estados Unidos) que recoge 45 parámetros nutricionales relacionados con la inflamación como: consumo de grasa saturada, monoinsaturada y poliinsaturada, ácidos grasos omega 3, omega 6 y trans, azúcares añadidos, alcohol, fibra, colesterol, proteína, algunas vitaminas y minerales, cafeína… (4)

Los resultados presentaron que los participantes que obtuvieron un IID con puntuación más alta, es decir, un modelo de dieta más inflamatoria, se asociaban a mayor número de eventos cardiovasculares.

Este mismo año se ha publicado en la revista JAMA Oncology un nuevo estudio epidemiológico de gran peso llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Harvard, que encontraron relación entre una dieta proinflamatoria y un mayor riesgo de padecer cáncer colorrectal. La muestra contó con 121.050 profesionales de la salud de ambos sexos que participaron en estudios de largo plazo con un seguimiento de 26 años. Para obtener los resultados, se basaron en las respuestas a cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos considerados proinflamatorios, concluyendo que las puntuaciones más altas se asociaban a un mayor riesgo de desarrollar este tipo de cáncer. Entre los hallazgos encontraron una asociación más fuerte en hombres y sobre todo en aquellos con sobrepeso u obesidad de base. (5) Otras investigaciones han asociado la dieta proinflamatoria a otros tipos de cáncer como un aumento del riesgo de desarrollar tumores de mama.

 

¿Por qué una dieta saludable puede tener un carácter antiinflamatorio?

Las fuentes alimentarias vegetales y animales de calidad, que hemos clasificado como parte de una ``dieta antiinflamatoria´´, contienen cantidades importantes de nutrientes con potencial antiinflamatorio. Son fuente de vitaminas y minerales con carácter regulador y antioxidante, altas en fibra tanto soluble como insoluble y ricas en ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 como DHA (ácido docosahexanoico) y EPA (ácido eicosapentanoico), ácidos grasos monoinsaturados como el oleico procedente del aceite de oliva virgen… 

Un perfil lipídico saludable tiene influencia positiva en la regulación de reacciones metabólicas pro y antiinflamatorias, ayudando a reducir significativamente biomarcadores proinflamatorios como VCAM-1, IL-6, TNF- α... (6, 7)

 

Por otro lado, este modelo dietético contiene numerosos componentes no nutrientes denominados fitoquímicos, con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes entre otras. Gracias a los metabolitos secundarios que se generan en nuestro organismo a partir de estos compuestos, el cuerpo tiene una mayor capacidad de mantener el equilibrio homeostático entre procesos inflamatorios y antiinflamatorios. Además, pueden intervenir incluso en la la modulación de la expresión génica de enzimas y compuestos inflamatorios para un mejor control. (6,7)

 

 

El principal mecanismo de acción de todos estos compuestos es  gracias a su capacidad de combatir frente al estrés oxidativo generado por radicales libres prooxidantes provenientes de: una mala alimentación, contaminación, tabaco, alcohol…  De esta forma, los antioxidantes contribuyen a retardar o prevenir mecanismos oxidativos e inflamatorios mediante diversos procesos bioquímicos.

Un estudio multicéntrico aleatorizado conocido como PREDIMED y llevado a cabo en España, también encontró hallazgos interesantes sobre los efectos de una dieta antiinflamatoria.  Su finalidad era investigar los efectos para la salud de una buena adherencia de dieta mediterránea, la cual puede considerarse una dieta alta en componentes con propiedades antiiflamatorias y exenta de productos proinflamatorios. Comprobaron como una buena adherencia a este estilo de vida se asociaba a una reducción significativa de parámetros inflamatorios. Este modelo alimentario, a su vez, se asocia a un menor riesgo de patología cardiovascular, algunos cánceres, obesidad, alteraciones lipídicas…(7)

 

               


En conclusión, la promoción de una dieta saludable, rica en alimentos de origen vegetal, preferentemente frescos, locales y de temporada, y exenta en la medida de lo posible de productos de mala calidad nutricional considerados proinflamatorios, es fundamental en la prevención de patologías crónicas. Y no debemos olvidar que lo realmente importante es el global de la dieta y que son tan importantes los alimentos que escogemos como aquellos que desplazamos en su lugar.


 

Referencias bibliográficas:

1. Strasser B. Immune-mediated inflammation as a driver of obesity and comorbid conditions.Obesity. 2017;25(6):987-988. doi: 10.1002/oby.21872

2. Beaugerie L, Svrcek M, Seksik P, et al; CESAME Study Group. Risk of colorectal high-grade dysplasia and cancer in a prospective observational cohort of patients with inflammatory bowel disease. Gastroenterology. 2013;145(1):166-175.e8.

3. Cancello R, Henegar C, Viguerie N, Taleb S, Poitou C, Rouault C, et. al. Reduction of macrophage infiltration and chemoattractant gene expression changes in white adipose tissue of morbidly obese subjects after surgery-induced weight loss. Diabetes 2005, 54(8):227786.

4.Segui-Gomez M, de la Fuente C, Vázquez Z, Irala J, Martinez-Gonzalez MA. Cohort profile: The 'Seguimiento Universidad de Navarra' (SUN) study. Int J Epidemiol 2006;35:1417-22.

5.Tabung FK, Liu L, Wang W, Fung TT, Wu K, Smith-Warner SA, Cao Y, Hu FB, Ogino S, Fuchs CS, Giovannucci EL. Association of Dietary Inflammatory Potential With Colorectal Cancer Risk in Men and Women. JAMA Oncol. Published online January 18, 2018. doi:10.1001/jamaoncol.2017.4844

6.Medina A, Casas R, Tressserra A, Ros E, Martínez MA, Fitó M, et al. Polyphenol intake from a Mediterranean diet decreases inflammatory biomarkers related to atherosclerosis: A sub-study of The PREDIMED trial. Br J Clin Pharmacol. 2016 Apr 21. doi: 10.1111/ bcp.12986.

7.Ramón Estruch, Emilio Ros, Jordi Salas-Salvadó, Maria-Isabel Covas, Dolores Corella, Fernando Arós, Enrique Gómez-Gracia, Valentina Ruiz-Gutiérrez, Miquel Fiol, José Lapetra, Rosa Maria Lamuela-Raventos, Lluís Serra-Majem, Xavier Pintó, Josep Basora, Miguel Angel Muñoz, José V. Sorlí, José Alfredo Martínez, and Miguel Angel Martínez-González, for the PREDIMED Study Investigators. Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet. N Engl J Med 2013; 368:1279-1290. DOI: 10.1056/NEJMoa1200303

 

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