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 02/06/2012

Los flavonoides.

Son un tipo de compuestos fenólicos de bajo peso molecular que desempeñan un papel importante en la biologia vegetal como es el control de los niveles de auxinas, reguladoras del crecimiento y diferenciación de las plantas. También tienen un papel antifúngico y bactericida. Además, proporcionan color y olor a las plantas y flores ayudando al proceso de polinización.

Los flavonoides en nuestra dieta son elementos fitoquímicos no nutritivos que se encuentran en verduras, semillas, frutos y también en algunas algas. Nuestro organismo no tiene la capacidad de sintetizar estas sustancias químicas, por lo que las obtenemos por completo de los alimentos que ingerimos.

Hay diferentes clases: chalconas, flavonas, flavonoles, flavandioles, antocianinas, taninos condensados (algunos autores consideran también a las auronas). En la actualidad se han identificado cerca de 9.000 flavonoides, muchos de los cuales apenas se han estudiado.

La composición y concentración de flavonoides varía mucho entre las diferentes especies de vegetales, recomendándose un adecuado y variado consumo de frutas y verduras para obtener el máximo provecho de su presencia.

Estas sustancias se alteran con facilidad por lo que conviene consumir los vegetales crudos o poco procesados. Se pueden encontrar concentraciones más importantes en algunos alimentos como el brócoli, la soja, la fresa, uvas negras, pomelos, espinacas, remolacha, pimientos, cebolla, aguacate, berenjena, plátano, coliflor, tomate... En los frutos, las mayores concentraciones se encuentran en la piel.

Los flavonoides poseen propiedades muy importantes en nuestra salud siempre en el contexto de un estilo de vida saludable:

  • inhiben el crecimiento de las células cancerosas
  • potencian el músculo cardíaco y mejoran la circulación y la fragilidad capilar ya que poseen propiedades antitrombóticas
  • Pueden disminuir la concentración plasmática de colesterol y de triglicéridos previniendo la aterosclerosis.

Una de las propiedades por los que son más conocidos es por su capacidad antioxidante, particularmente contra las especies reactivas del oxigeno (ROS), bloqueando la acción nociva de dichas sustancias sobre las células. Gracias a estos procesos que generan en la célula se están dando grandes progresos en el estudio de los flavonoides y su relación con la reducción del riesgo de cáncer, la mejora de síntomas alérgicos y de artritis, y el aumento de la actividad de la vitamina C , bloqueando la progresión de las cataratas y la degeneración macular y protegiendo del daño de los oxidantes, como los rayos UV y la contaminación ambiental o algunas sustancias químicas presentes en los alimentos (colorantes, conservantes, etc), además de prevenir enfermedades degenerativas como la enfermedad de Parkinson y el Alzheimer.

La ingesta habitual de flavonoides de la dieta y el riesgo de la enfermedad de Parkinson.

Aún siendo necesarios muchos estudios más que profundicen y nos permitan conocer sus efectos, lo cierto es que ya hay bastante bibliografía al respecto que nos permite orientarnos.

Por ejemplo, en un estudio de X. Gao et al.(1) se asociaron los flavonoides y sus subclases con un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson especialmente en los hombres. En las mujeres, el nivel de protección neuronal no es tan apreciable, pero también se produce. En el análisis realizado, con un seguimiento de 22 años de duración, se incluyó una vasta muestra de hombres y mujeres (49.281 y 80.336 respectivamente), la más elevada en un estudio similar realizado hasta ahora. También fueron analizados cinco principales fuentes de alimentos ricos en flavonoides (té, bayas, manzanas, vino tinto y zumo de naranja / naranja) mediante una base de datos de composición de alimentos actualizada y un cuestionario de frecuencia alimentaria validados. Del total de los participantes en el estudio, 438 hombres y 367 mujeres desarrollaron enfermedad de Parkinson.

Los resultados muestran que un mayor consumo de flavonoides en la dieta se asocia con un riesgo menor (40%) de padecer Parkinson en hombres. En el caso de las mujeres, no se da la misma relación.

Sin embargo, sí se observó un menor riesgo de enfermedad de Parkinson en ambos sexos al examinar por separado el efecto del consumo regular de las distintas clases de flavonoides, en especial de las antocianinas (presentes en las bayas como fresas, frambuesas, arándanos, grosellas....) y de la quercetina (abundante en la piel de las manzanas, cebollas, polen de abejas…). Así, se apreció que la quercetina es el flavonoide que mejor reúne los requisitos necesarios para ejercer una función antioxidante efectiva, siendo unas cinco veces más potente que las vitaminas E y C. Además, la quercetina tiene efectos sinérgicos con la vitamina C.

Se comprobó que los hombres que comieron cinco o más raciones semanales de manzanas tuvieron un menor riesgo de enfermedad de Parkinson que quienes tenían un consumo escaso. Esta relación, sin embargo, no fue muy llamativa entre las mujeres.

La evidencia científica sugiere que la acción antioxidante es importante en la supervivencia y la diferenciación neuronal, así como en la actividad de las enzimas antioxidantes y en la regulación de mecanismos de neuroinflamación, lo que explicaría al menos en parte el efecto de los flavonoides.

Los autores concluyen, por lo tanto, que una dieta con alto contenido de flavonoides podría tener un efecto neuroprotector. Aunque ciertamente no se puede descartar un papel protector de otros componentes de los vegetales como son la gran variedad presente de vitaminas, de oligoelementos y de otros componentes con características antioxidantes.

La ingesta habitual de flavonoides asociada a la densidad mineral ósea.

En China se utiliza la planta “Drynaria fortunei para la osteoporosis. En ella se han aislado once tipos de flavonoides con capacidad antiosteoporótica por su actividad proliferativa de los osteoblastos lo que aumenta la densidad mineral del hueso (2).

Uno de los derivados de los flavonoles, el kaempferol, que se encuentra en las alcaparras, el azafrán, algunos frutos rojos, semillas y bayas, espárragos, cebolla roja, cebollino, escarola, brócoli, berros, repollo chino, algunas hojas (de achicoria, laurel, mostaza, rábano, nabo…), jengibre silvestre y otras fuentes (USDA Database for the flavonoid, 2007), estimula la diferenciación osteogénica de los osteoblastos cultivados, a través de la señalización del receptor de estrógeno, favoreciendo el proceso de mineralización de los huesos, en ratas, y previniendo la pérdida ósea (3). La función de los estrógenos es incrementar la producción de osteoprotegerina (OPG) por los osteoblastos y las células de la matriz ósea. Este receptor se une a la membrana inhibiendo la secreción de algunas citoquinas así como la maduración y activación de las células encargadas de la degradación y reabsorción de los huesos: los osteoclastos.

También se ha relacionado con la prevención de la osteoporosis otros subtipos de flavonoides como la quercetina, que esta presente de forma significativa en alimentos como la cebolla, polen de abeja, hojas de té, y algunas especias, entre otros (4).

Hasta ahora, ciertamente solo se habían realizado estudios en animales. Pero un reciente estudio observacional de A. Welch et al.(5) también ha mostrado los efectos protectores de los flavonoides y sus subclases en huesos de seres humanos. En el estudio participaron 3.160 gemelos adultos de sexo femenino. Las ingestas de flavonoides se calcularon a partir de cuestionarios semicuantitativos de frecuencia alimentaria. La densidad ósea se midió con doble absorciometría de rayos X. El mayor consumo de flavonoides se asoció con una mayor densidad mineral ósea en la columna y, en menor medida, en la cadera. Dentro de las subclases de flavonoides el efecto fue mayor para las antocianinas y las flavonas (tricetina, apigenina y luteolina) (5).

Conclusiones.

Los beneficios de los flavonoides ya se conocían anteriormente, pero cada vez hay más estudios que consiguen nuevos datos sobre los posibles efectos reales, en muestras de población cada vez más amplias, según las cantidades ingeridas de flavonoides.

Tras los estudios mencionados, podemos concluir (aunque aún sea necesario profundizar más en este tipo de investigaciones) que los beneficios de algunos tipos de flavonoides en enfermedades como el parkinson o la osteoporosis se han podido respaldar más allá de las muestras in vitro.

Por ello, es muy importante que nuestra alimentación sea rica en vegetales, equilibrada y variada, lo cual garantiza que además de los nutrientes y micronutrientes bien conocidos también ingeriremos otra serie de fitoquímicos no nutritivos, como los flavonoides, que cada día se vinculan más estrechamente con la salud.

BIBLIOGRAFIA

1. Gao X, Cassidy A, Schwarzschild MA, Rimm EB, Ascherio A; Habitual intake of dietary flavonoids and risk of Parkinson disease; Neurology. 2012 Apr 10;78(15):1138-45

2. Wang L , NL, Wang , Zhang Y , H Gao , WY Pang , la Sra. Wong , G Zhang , Qin L , Yao XS .; Effects of eleven flavonoids from the osteoprotective fraction of Drynaria fortunei (KUNZE) J. SM. on osteoblastic proliferation using an osteoblast-like cell line; Chem Pharm Bull (Tokyo). 2008 Jan;56(1):46-51.

3. Guo AJ, Choi RC, Zheng KY, Chen VP, Dong TT, Wang ZT, Vollmer G, Lau DT, Tsim KW; Kaempferol as a flavonoid induces osteoblastic differentiation via estrogen receptor signalling; 2012 Apr 30;7(1):10

4. Yamaguchi M, Weitzmann MN. Quercetin, a potent suppressor of NF-κB and Smad activation in osteoblasts; 2011 Oct.

5. Welch A, Macgregor A, Jennings A, Fairweather-Tait S, Spector T, Cassidy A; Habitual flavonoid intakes are positively associated with bone mineral density in women; 2012 May 1. Doi: 10.1002/jbmr.1649.

 

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