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Image courtesy of renjith krishnan/ FreeDigitalPhotos.net

 

 31/07/2013


Un estudio publicado en la revista de la Sociedad Americana de Neurología, ha comprobado que los adultos mayores que sufren anemia tienen el doble de probabilidades padecer demencia. Una dieta variada puede asegurar las necesidades de hierro de nuestro organismo a cualquier edad.


 

La anemia, por definición, es una concentración baja de hemoglobina en sangre. Según la Organización Mundial de la Salud, se considera anemia cuando los niveles están por debajo de 13 g/dl en varones y por debajo de 12 g/dl en mujeres.

Esta situación puede tener diferentes causas, siendo la más común tener un bajo número de glóbulos rojos o que estos sean de pequeño tamaño, lo que se conoce como disminución del hematocrito.

La anemia no está considerada como una enfermedad como tal, sino que se entiende como un síntoma fisiológico de otro tipo de alteraciones. El origen más común de la disminución de hemoglobina en sangre es la falta de hierro que, generalmente, se debe a una ingesta insuficiente de este mineral en la dieta habitual de la persona que lo padece.

Un estudio publicado hoy en la revista oficial de la Sociedad Americana de Neurología “Neurology” ha descubierto una fuerte relación entre la anemia y la demencia en los mayores de 65 años.

 

Anemia y Demencia

El trabajo forma parte de un estudio más ambicioso sobre salud, envejecimiento y composición corporal, conocido como Estudio ABC (Health ABC Study) y ha sido dirigido por investigadores de Suwon (Korea del Sur) y de diferentes universidades estadounidenses (1).

 En él participaron 2.552 adultos entre 70 y 79 años a los que se les ha seguido durante un periodo de 11 años en el que se les ha ido haciendo analíticas de sangre y repitiendo pruebas de memoria y pensamiento lógico a los años 1, 3, 5, 8, 10 y 11. Por supuesto, al inicio del estudio, ninguno de los participantes mostraba síntomas de demencia.

Al comienzo de la investigación, un total de 393 (15,4%) fueron diagnosticados con anemia y esa cifra aumentó a 445 (17,8%) al final del estudio. Los investigadores pudieron comprobar que los pacientes con anemia al inicio tuvieron un 64% de probabilidades de padecer demencia en comparación con aquellos que no estaban anémicos. Este nivel de riesgo disminuye un poco (40-50%) al ajustar los resultados teniendo en cuenta otros posibles factores de confusión como la edad, el sexo, la procedencia, la educación y otros valores sanguíneos.

Un estudio previo de similares características realizado en 2006 en Suecia analizó durante 3 años a 1435 personas entre 75-95 años. Los resultados fueron muy similares a los arriba mencionados (2). Otro trabajo que con 1948 personas mayores habitantes de Sao Paulo (Brasil) también encontró asociación preliminar entre la anemia y la demencia y el alzhéimer, sin embargo esta asociación ser perdía al ajustar los resultados por edad (3). A pesar de la amplia muestra, hay que tener en cuenta que fue un estudio de corte transversal realizado en un momento concreto. A este respecto, el estudio americano tiene mayor consistencia al haber seguido la evolución de los participantes durante 11 años.

No se puede identificar una causa directa de esta relación entre anemia y demencia. Según los expertos, la anemia suele ser indicadora de un mal estado de salud general pero lo que es seguro es que la anemia se asocia con bajos niveles de oxígeno en sangre y eso puede ser lo que afecte a las neuronas del cerebro reduciendo la capacidad de memoria y habilidades de pensamiento.

 

Alimentos ricos en hierro y su biodisponibilidad

En cualquier etapa del ciclo vital es imprescindible mantener los niveles de hierro en los límites establecidos como normales pero, a raíz de los resultados de los estudios mencionados, resulta aún más importante en las edades avanzadas.

En general, un adulto sano requiere entre 10-15 mg de hierro al día. Estos requerimientos resultan mayores para las mujeres embarazadas (30-40 mg). Según el Instituto Estadounidense para el Corazón, Pulmón y la Sangre (National Heart Lung and Blood Institute) los alimentos más ricos en hierro son:

  • Carne, especialmente la carne roja. No olvidemos que, a pesar de su alto nivel de hierro, debe consumirse con moderación por su contenido graso. No sólo la carne de ternera es rica en hierro, también la de cerdo, pollo y pavo.
  • Pescado y marisco. Especialmente las almejas y berberechos.
  • Vegetales de hojas verdes: principalmente espinacas y acelgas.
  • Legumbres: especialmente las lentejas y la soja pero también los guisantes, garbanzos y judías, ya sean blancas, rojas o pintas.
  • Tofu
  • Frutas como las ciruelas, ciruelas pasas y los albaricoques.

Gracias a la industria alimentaria también existen otro tipo de productos que nos aportan hierro ya que han sido fortificados con este mineral. Los más comunes suelen ser cereales y derivados.

 

La biodisponibilidad del hierro hace referencia a la capacidad de nuestras células intestinales de captarlo e incluirlo en su metabolismo y pasarlo al flujo sanguíneo. No todos los alimentos permiten que nuestro organismo le extraiga la misma cantidad de hierro (4). Según esto existen dos tipos de hierro dietario:

El hierro proveniente de alimentos de origen animal se llama “hiero hemo” y del total consumido se absorbe hasta un 35%.

El hierro de origen vegetal, “hierro no hemo”, sólo se absorbe hasta un 20%. Este tipo de hierro también se encuentra en la leche y los huevos.

Aun así, está demostrado que nuestro organismo es capaz de absorber mejor el hierro si este se consume con alimentos ricos en vitamina C, como los cítricos, por ejemplo, zumo de naranja. De igual manera, existen alimentos que pueden hacer que nuestro organismo no absorba el hierro. Los más reconocidos son el café, el té y los alimentos con alto contenido en fibra.

 


Las personas mayores deberían, por norma, hacerse una analítica de sangre anual con el fin de comprobar su estado de salud general y entre otros muchos parámetros, el nivel de hemoglobina en sangre. Aunque éste no sea causa directa, sí que muestra una clara relación con enfermedades neurodegenerativas como la demencia por lo que toda prevención es poca. Además no debemos olvidar que una dieta variada es capaz de mantener los niveles de micronutrientes en su estado óptimo a cualquier edad.


 

Referencias:

1.- Hong et al. Anemia and risk of dementia in older adults. Findings from the Health ABC study. Neurology, 2013. doi: 10.1212/WNL.0b013e31829e701d.

2.- Atti et al. Anaemia increases the risk of dementia in cognitively intact elderly. Neurobiology of Aging, 2006; 27 (2): 278-284.

3.- Santos et al. Anemia and dementia among the elderly: the Sao Paulo Ageing & Health Study. International Psychogeriatrics, 2012; 24 (1): 74–81.

4.- Gaitán et al. Biodisponibilidad del hierro en humanos. Rev Chil Nutr, 2006; 33 (2): 142-148.

 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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