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 Un nuevo estudio concluye que la comida basura fomenta la pereza y el sedentarismo. Volver al índiceÍndice de noticias
 

Image courtesy of marin/ FreeDigitalPhotos.net

 

 31/03/2014


La creencia popular es que la pereza conduce a la obesidad pero esto podría ser como el dilema del huevo y la gallina ¿Cuál es la causa y cuál la consecuencia?. Un reciente estudio de  UCLA confirma que el consumo habitual de alimentos procesados y su consiguiente exceso de peso son los que provocan cansancio e inactividad. Además otros trabajos relacionan esta alimentación en el embarazo con problemas mentales en los hijos.


 

Todos alguna vez hemos experimentado la sensación de pesadez y dormitación tras una comida copiosa. Esto ha sido la chispa que ha motivado a investigadores de la Universidad de California – Los Ángeles (UCLA) a indagar en la relación entre el consumo habitual de comida chatarra, muy densa energéticamente, y la inactividad en ratas de laboratorio cuyo sistema fisiológico es muy similar con el nuestro. Los resultados de este estudio se han publicado en una prestigiosa revista del ámbito de la fisiología humana (Journal Physiology and Behavior) (1).

Han estudiado un total de 32 hembras de rata las cuales fueron divididas en dos grupos: el primero fue alimentado durante 6 meses con comida normal no procesada basada en maíz molido, harinas de pescado, etc.; el segundo grupo fue alimentado, durante el mismo periodo de tiempo, con comida procesada rica en azúcares y grasas.

Estas ratas previamente estaban adiestradas para presionar una palanca y recibir una recompensa en forma de alimento o agua. Pasados los 6 meses con sus respectivas alimentaciones, cada rata fue sometida a un experimento de conducta poniéndolas en el habitáculo con la palanca en una sesión de 30 minutos.

Los resultados fueron llamativos ya que las ratas que habían sido alimentadas con comida procesada hacían descansos más prolongados entre cada vez que presionaban la palanca, los cuales en promedio duraron el doble que en el grupo de las ratas delgadas.

En una segunda parte del experimento, a los 6 meses los investigadores les intercambiaron la dieta a las ratas de forma que al grupo de las delgadas las alimentaron con comida basura y a las obesas con comida san durante sólo 9 días. El comportamiento de las ratas obesas no experimentó modificaciones y tampoco bajaron de peso; de igual manera las ratas delgadas en 9 días tampoco aumentaron de peso y siguieron siendo más activas presionando la palanca de los premios.

Según los autores del trabajo, este resultado sugiere que un patrón alimentario basado en alimentos procesados a largo plazo, a pesar de cambios a corto plazo, es el culpable de la obesidad y las alteraciones cognitivas.

En resumen, los autores dicen que sus resultados contradicen la idea preconcebida, por la que muchos obsos se estigmatizan, de que la causa de su obesidad es que son perezosos y sin disciplina para realizar ninguna actividad física. Según sus resultados, la obesidad que está inducida por una dieta altamente procesada es una causa de la pereza no una consecuencia. Lo que no se puede determinar es si la dieta en si causa fatiga o la dieta causa obesidad y esa es la causa de la fatiga al realizar un ejercicio físico.

 

La comida procesada conduce a enfermedades mortales

Como es sabido, este tipo de comida de venta en supermercados o restaurantes de comida rápida, son muy calóricos con altos contenidos e azúcares, grasas saturadas y trans y sal, ya que todos esos componentes los hacen más palatables y pedurables en el tiempo, fomentando así que sean comprados con asiduidad.

A este respecto, otro hallazgo del estudio anterior (1) muestra que las ratas alimentadas con comida basura tuvieron, con una frecuencia elevada, un gran número de tumores en su cuerpo al final del estudio, mientras que los de la dieta nutritiva tenían muchos menos y además eran de menor tamaño.

Son numerosos los trabajos que relacionan este tipo de alimentación con el desarrollo de síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular y cáncer. Por citar alguno, es reseñable el “Tehran Lipid and Glucose Study” publicado en Diciembre del año pasado (2).

 

 

Abusar de la comida basura durante el embarazo y los primeros años de vida de los niños les puede conducir a desórdenes mentales y de comportamiento.

Es obvio que si las madres consumen comida basura en exceso durante el embarazo, esto conduce a que desarrollen obesidad tanto ellas como su descendencia.

Pero, además, un trabajo publicado hace algunos meses en la Revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente (Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry) así concluye, las madres que comen comida chatarra durante el embarazo tienen más probabilidades de tener hijos con problemas de salud mental (3).

Investigadores de la Universidad de Deakin en Australia, analizaron la dieta de más de 23.000 madres de Noruega y de sus niños a los 18 meses y a los 5 años de edad además de valorar, a través de cuestionarios cumplimentados por las madres, si los niños mostraban síntomas de depresión, ansiedad, trastornos de conducta o trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Los resultados del estudio revelaron que las madres que comieron frecuentemente alimentos no saludables durante el embarazo, tales como las refrescos azucarados, cereales refinados y azucarados y snacks salados tuvieron hijos con mayores problemas de conducta, generalmente siendo niños más agresivos y que tenían muchas más rabietas.

Añadido a esto, los investigadores demostraron también que los niños que comen más alimentos poco saludables en sus primeros años de vida, o que consumen pocos alimentos ricos en nutrientes, como las verduras o lgumbres, también mostraban más problemas de agresión y de comportamiento, así como síntomas de depresión y ansiedad.

La autora principal del texto, Felice Jacka, en una entrevista añadió que existe una necesidad urgente de que los gobiernos de todo el mundo atiendan a estas evidencias científicas y las apliquen para cambiar las políticas que restrinjan la comercialización y la disponibilidad de este tipo productos alimenticios poco saludables.

 

También puede provocar dependencia de alimentos grasos en los hijos de por vida

Otro trabajo abordando este mismo problema fue realizado por investigadores del Centro de Investigación FoodPlus de la Escuela de Agricultura, Alimentos y Vino de la Universidad de Adelaide (Australia) (4). En este caso, los investigadores demostraron que la comida basura durante el embarazo y la lactancia producían alternaciones en los sistemas de señalización opiáceos del cerebro de los bebés de forma que seguía activo tras el nacimiento.

Al comer alimentos ricos en grasas y azúcares, nuestro organismo libera este tipo de sustancias opiáceas, estas a su vez activan la secreción de dopamina,  que es la responsable de la sensación de plenitud y bienestar. Si esta liberación se produce de forma continua durante el embarazo, el feto “se acostumbra” a esa situación y les hace dependientes de ello o muy proclives a consumir en exceso ese tipo de alimentos.

 

 

Referencias:

1.- Blaisdell et al. Food quality and motivation: A refined low-fat diet induces obesity and impairs performance on a progressive ratio schedule of instrumental lever pressing in rats. Physiology & Behavior, Abril 2014. DOI: 10.1016/j.physbeh.2014.02.025.

2.- Bahadoran et al. Fast food consumption and the risk of metabolic syndrome after 3-years of follow-up: Tehran Lipid and Glucose Study. European Journal of Clinical Nutrition, 2013; 67:  1303-1309.

3.- Jacka et al. Maternal and early postnatal nutrition and mental health of offspring by age 5 years: a prospective cohort study. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, Julio 2013.

4.- Gugusheff et al. A maternal “junk-food” diet reduces sensitivity to the opioid antagonist naloxone in offspring postweaning. The FASEB Journal, 2013; 27 (3): 1275-1284.

 

Noticia elabora por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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