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 La valoración nutricional debería ser prioritaria en las revisiones geriátricas ante un creciente riesgo de desnutrición Volver al índiceÍndice de noticias
 

Image courtesy of worradmu/ FreeDigitalPhotos.net

 

 01/07/2014


La ONU estima que en 2050, España será el país más envejecido del mundo. Ante esta situación es indispensable una especial atención a la salud de los más mayores. La situación social actual en España podría estar fomentando el problema de la desnutrición en la tercera edad, grave problema que quizá se esté infravalorando.


 

El progresivo envejecimiento de la población española es una situación que está despertando las alarmas sociales. Según expresa la Fundación General del CSIC, para el 2050 se espera que el 30% de los españoles tengan más de 65 años (actualmente constituyen el 17%) y que los octogenarios alcanzarían los 4 millones de personas (1). Estas cifras son aún más alarmantes según las estimaciones de la Organización de Naciones Unidas que cuyas valoraciones sitúan a España en 2050 como el país más envejecido del mundo con un 40% de la población por encima de los 65 años y la media de edad de la población será de 50 años (2).

Esto se debe a un aumento en la esperanza de vida de las personas y a una clara disminución en la tasa de natalidad (en 1975 había un promedio de 3 hijos por mujer en edad fértil mientas que en la actualidad se ha reducido 1,2) (1).

 

 

La situación social de los más mayores

 

En las edades más avanzadas se dan una serie de cambios biológicos, sociales y psicológicos que pueden condicionar la alimentación del anciano, principalmente de aquellos que viven solos. Algunos de ellos son:

--> Cambios biológicos: pérdida de la dentadura, trastornos de la digestión y del tránsito intestinal (reflujos, estreñimiento crónico, estrechamiento del esófago, etc.), etc. Muchos de estos síntomas son efectos secundarios de los medicamentos que consumen (3). Todos estos problemas suele condicionarles a comer una dieta blanda y ligera. A esto se le suma que en muchos casos un deterioro de la capacidad sensorial con pérdida de vista, olfato o gusto, que también disminuye la motivación por la comida.

Además, los problemas de dolores de huesos y articulaciones, pueden condicionarles la movilidad y esto afectar a su capacidad para ir a la compra de forma habitual y consumir alimentos frescos (salvo casos donde tienen asistencia en el hogar o familiares viviendo cerca). Los problemas óseos pueden afectar también al correcto manejo de los cubiertos y a la movilidad en general; les obliga a reducir mucho la actividad física diaria y esto aumenta el problema de la inapetencia alimentaria ya que “no hacen hambre”.

--> Sociales y psicológicos: Es común en las personas mayores que viven solas que aspectos como la soledad, el aislamiento familiar, la falta de actividad, la menor disponibilidad económica por la pensión de jubilación, etc. desencadenen en síntomas depresivos. La depresión suele llevar asociada un comportamiento anoréxico por inapetencia, disminuyendo mucho las calorías que consumen durante el día. En el caso de los ancianos que viven solos por pérdida más o menos reciente del cónyuge, se produce un fenómeno de desgana a la hora de cocinar al tener que preparar comida para ellos solos. La sintomatología depresiva, en España, afecta en torno al 30% de los mayores de 65 años (4).

En algunos casos, la edad avanzada lleva asociado un deterioro cognitivo que puede alterar aún más el comportamiento alimentario. Este deterioro de las funciones mentales suelen afectar a la memoria a corto y medio plazo, a la orientación, al reconocimiento (también de los alimentos o ingredientes), etc. Esto en los casos “normales” donde no se dan enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson, en cuyo caso, esos síntomas son aún más patentes e inhabilitan al anciano para valerse por sí mismo por lo que requieren ayuda en las tareas básicas, entre ellas la alimentación.

 

La salud de los más mayores, objetivo primordial

 

Ante la situación arriba mencionada es imprescindible que las instituciones de Salud Pública vuelquen su atención en la salud de los más mayores. Existen protocolos establecidos para valorar las capacidades físicas, psicosociales y funcionales de los más mayores con el fin de desarrollar un plan general para el tratamiento y el seguimiento de las posibles dolencias que padezca o para la prevención de las que pudiera padecer en el futuro.

Estos exámenes médicos suelen tener una parte relacionada con la alimentación como son la valoración de la hipertensión, análisis sanguíneos que incluyen valores de glucosa, colesterol. triglicéridos, etc. Algunos médicos realizan una valoración del estado nutricional de la persona mayor mediante el peso y la estatura. Esta medición, no siempre se realiza dado que supone ciertas dificultades ya que muchas de estas personas sufren de problemas de espalda o piernas que les impide caminar derechos o incluso se encuentran en sillas de ruedas por lo que la medición de la estatura y, por consiguiente, de su índice de masa corporal. Muchos menos son los centros que valoran si la persona lleva una correcta alimentación mediante cuestionarios alimentarios, etc.

Recientemente ha sido publicado un artículo de revisión en la revista de nutrición en la práctica clínica (Nutrition in Clinical Practice journal) perteneciente a la American Society for Parenteral and Enteral Nutrition's (A.S.P.E.N.) en el que se señala que han aumentado en EE.UU. los casos de desnutrición desatendida en las personas mayores (5).

Ellos advierten que los profesionales sanitarios deberían centrar su atención en la búsqueda de signos de desnutrición como pérdida de la grasa subcutánea, pérdida de músculo, retención de líquido y señalan la necesidad de exámenes antropométricos que permitan una adecuada valoración de la condición nutricional de los más mayores. Esta situación de desnutrición y, concretamente la pérdida de masa muscular, deteriora aún más la movilidad de los ancianos y por ende, su calidad de vida.

Los ancianos, como se ha mencionado arriba, suelen depender de una paga de jubilación limitada. En el caso de España, ante la situación social de crisis y recortes en los sectores públicos como las pensiones y la sanidad, cada vez es más común que nuestros mayores tengan que tomar decisiones entre el pago de medicamentos, gastos de la vivienda y la compra de alimentos. La tendencia general es a reducir los costes comprando alimentos más baratos que obviamente, llevan asociada una peor calidad nutricional y son menos saludables ya que suelen ser precocinados ricos en sales, grasas saturadas y azúcares y pobres en fibra.

Los autores de la revisión ponen de manifiesto la imperiosa necesidad de elaborar planes de intervención dietética y nutricional en las personas mayores, especialmente las que viven solas. Afirman que estas intervenciones deben estar planificadas mediante equipos pluridisciplinares que incluyan a los médicos, enfermeras, dietistas, farmacéuticos y trabajadores sociales para que no haya problemas de interacción entre unos ámbitos de tratamiento y otros. Y, por supuesto, las intervenciones deberían ser llevadas a cabo por los dietistas dentro de los mismos centros de salud públicos para que no suponga ningún coste para los mayores.

En el caso de España, investigadores y profesionales de la salud publicaron en 2011 un recomendable documento titulado “Manual de atención al anciano desnutrido en el nivel primario de salud” (6) que venía a plantear este problema y propone un manejo de la situación adaptado a la situación sanitaria española (la cual ha empeorado considerablemente desde entonces como consecuencia de la crisis y los recortes en salud). En cualquier caso, es un documento muy práctico y completo para el abordaje de este problema.

 

Referencias:

1.- Fernández JL, Parapar C, Ruíz M. El envejecimiento de la población. Lychnos, Cuadernos de la Fundación General CSIC, 2010; nº2. Disponible en:

http://www.fgcsic.es/lychnos/es_ES/articulos/envejecimiento_poblacion

2.- United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division.  World Population Ageing 2013. Disponible en:

http://www.un.org/en/development/desa/population/publications/pdf/ageing/WorldPopulationAgeingReport2013.pdf

3.- Restrepo Sl, Morales RM, Ramírez MC, López MV, Varela LE. Los hábitos alimentarios en el adulto mayor y en su relación con los procesos protectores y deteriorantes en salud. Rev Chil Nutr, 2006; 33 (3): 500-510.

4.- Delgado-Egido B (coord.). Psicología del Desarrollo (Vol.2). Desde la infancia a la vejez. UNED. Madrid: McGraw Hill Interamericana de España. 2009.

5.- DiMaria-Ghalili RA. Integrating Nutrition in the Comprehensive Geriatric Assessment. Nutr Clin Pract, breitling replica watches Julio 2014. DOI: 10.1177/0884533614537076.

6.- Caballero-García JC, Benítez-Rivero J (eds.). Manual de atención al anciano desnutrido en el nivel primario de salud. Madrid: Ergon Ed. 2011.

 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

 

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