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 Una dieta sin gluten podría no ser suficiente para prevenir las consecuencias de la enfermedad celiaca. Volver al índiceÍndice de noticias
 

Image courtesy of Vlado/ FreeDigitalPhotos.net

 

 17/09/2014


Cada vez es mayor la evidencia científica de que, a pesar de no consumir gluten, los pacientes celiacos tienen alteraciones metabólicas que, a largo plazo, parecen hacerles más propensos a padecer obesidad. Una de las principales afecciones asociadas tiene que ver con la funcionalidad de la vesícula biliar por lo que nuevos enfoques dietéticos de la celiaquía están cobrando fuerza.


 

Historia de la Enfermedad Celiaca

La enfermedad celiaca o celiaquía es una enfermedad autoinmune que implica una inflamación permanente del intestino delgado debida a la ingesta de cereales que contienen la proteína gluten (trigo, cebada, centeno y avena). Se calcula que el 2% de la población mundial padece esta enfermedad aunque podría ser un valor mayor porque sus síntomas son poco específicos (diarrea o estreñimiento, nauseas, abultamiento estomacal, caída de cabello, dolores de cabeza, pérdida de peso, etc.) por lo que la enfermedad puede pasar desapercibida o ser confundida con otras patologías.

La enfermedad se conoce desde la antigua Grecia dónde un médico llamado Arateus dedicó su vida a describir y buscar la cura de una dolencia que llamó “koiliakos” (koliako significa vientre) y que se caracterizaba por la eliminación de alimentos sin digerir acompañada de desnutrición, debilidad e hinchazón del vientre. Muchos fueron los médicos que, posteriormente, se dedicaron a describir la enfermedad y tratar de buscar su origen para poder encontrar su cura pero sin tener ningún éxito; aunque si descubrieron que las dietas ricas en grasas se toleraban mejor que las ricas en hidratos de carbono (1).

Fue tras la II Guerra Mundial cuando se descubrió que el causante de los síntomas de la celiaquía era el gluten. La escasez de alimentos llevó al racionamiento del pan en los Países Bajos y esto se tradujo en una clara reducción de la mortalidad de los niños que padecían síntomas de celiaquía. Cuando la disponibilidad económica volvió a la normalidad y con ella el consumo de pan, la mortalidad infantil de estos niños volvió a aumentar. Esto llevó a científicos ingleses, primero a averiguar qué cereales eran los causantes y tras ello, procedieron a investigar qué parte de este era la perjudicial. Para eso, eliminaron el almidón y comprobaron que el resto del pan era lo perjudicial, no el almidón; así se descubrió el gluten.

Todas esas investigaciones han llevado a determinar la teoría de la causa triple en la afección celiaca. Según parece, para que se dé la enfermedad se deben dar tres circunstancias: la persona debe tener una genética determinada que predispone a la enfermedad, debe tener un intestino especialmente permeable en el que las uniones entre las células son más laxas y, por último, debe darse la ingestión de alimentos con gluten (2).

 

Relación entre la celiaquía, la alteración funcional de la vesícula biliar y la obesidad

Hasta la fecha, el tratamiento general de la enfermedad celiaca consiste en llevar una dieta sin gluten durante toda la vida para poder mitigar los síntomas. Sin embargo, la evidencia reciente muestra que, a pesar de este tratamiento, la celiaquía se asocia con el padecimiento a largo plazo de otros trastornos como intolerancia o alergia a la lactosa, hígado graso no alcohólico, etc.

Una de las afecciones más comunes derivadas de la celiaquía tiene que ver con la vesícula biliar. La atrofia de las vellosidades intestinales que padecen los celiacos provoca una alteración en la secreción de la hormona colecistoquinina (CCK) y esto conlleva a que la vesícula disminuya su sensibilidad a dicha hormona y esto afecta a la motilidad intestinal que se ve reducida y a la sensación de saciedad que disminuye, entre otras consecuencias. Se ha comprobado que, aún tras un tratamiento a largo plazo con una dieta libre de gluten, aunque los niveles de secreción de CCK se recuperan, no lo hacen los receptores de esta hormona en la vesícula o el hígado. Debido a ello, los pacientes celiacos, aún con tratamiento, no sólo tienen mayor propensión a padecer piedras en la vesícula sino que también estarían predispuestos a padecer obesidad a largo plazo por estas alteraciones de la motilidad y de la sensación de saciedad (3).

Según esto, aunque una persona se adhiera durante años a una dieta sin gluten, los posibles daños previos pueden persistir potenciando el riesgo al padecimiento de sobrepeso u obesidad, lo cual, resulta paradójico dado que, como se ha explicado en el apartado anterior, siempre se ha relacionado con una condición de delgadez e insuficiencia nutricional.

Además, tal como resaltan los expertos, en el actual boom industrial de productos libre de gluten, se encuentran muchos alimentos procesados con alto contenido graso, de azucares y de sales, etc., que a su vez, puede fomentar directamente la obesidad, diabetes e hipertensión y, de forma indirecta, el fallo biliar. Además, existen estudios que han demostrado que las personas celiacas, especialmente las no tratadas, tienen alterados los procesos metabólicos de secreción de tres hormonas (adipocitokina, grelina y leptina) relacionadas con el metabolismo lipídico (4).

 

Nuevas perspectivas en el tratamiento a largo plazo de la celiaquía

Según lo expuesto, el tratamiento de la persona celiaca no debería limitarse a la eliminación del gluten en la dieta. Cada vez son más los endocrinos y nutricionistas que abogan por el uso de suplementos vitamínicos (en concreto de vitaminas liposolubles) en este tipo de pacientes para mejorar su funcionalidad biliar.

En los últimos años, las tendencias en tratamiento han centrado la atención en potenciar cierto tipo de alimentos o hierbas como son: alcachofa, cardo, achicoria, endibia, rúcula, diente de león, cúrcuma y romero, ricos en compuestos ácidos tales como el chicórico, cumárico, ferúlico, vanílico, siríngico, etc. Estos compuestos, que son los responsables del sabor amargo de estos alimentos, tienen un reconocido efecto colerético y colagogo, es decir, que fomentan la secreción de bilis y el vaciamiento digestivo. Además, suelen ser alimentos ricos en inulina, compuesto conocido por su potencial prebiótico. Así mismo, como potenciador del efecto colerético, los expertos recomiendan el uso de aceite de oliva virgen extra para el cocinado y condimentado de las comidas (5).

Según todo lo expuesto, los especialistas recomiendan revisar los tratamientos de las personas celiacas, los cuales, además de la obvia eliminación de la proteína del gluten, deberían incluir programas de educación nutricional especializada en el que se les enseñe a reconocer qué alimentos del mercado, aún siendo libres de gluten, no son buenos para su salud, además de fomentar el consumo de alimentos y suplementos relacionados con la funcionalidad biliar, las formas de cocinado adecuadas, etc.

 

Referencias:

1.- Fundación Celiaca de Venezuela. Origen y evolución d la celiaquía. Disponible en: http://www.celiacosvenezuela.org.ve/?page_id=37

2.- Fasano A. Causas de la enfermedad celíaca. En: La dieta humana: biología y cultura. Revista Investigación y Ciencia, Monográfico 66. Barcelona: Ed. Prensa Científica. 2011.

3.- Deprez et al. Persistent decreased plasma cholecystokinin levels in celiac patients under gluten-free diet: respective roles of histological changes and nutrient hydrolysis. Regul Pept,  2002; 110: 55–63.

4.- Capristo et al. Reduced plasma ghrelin concentration in celiac disease after gluten-free diet treatment. Scand J Gastroenterol,longines replica 2005; 40: 430–6.

5.- Farnetti et al. Functional and metabolic disorders in celiac disease: new implications for nutritional treatment. J Med Food, 2014; 17 (11): 1-6.

 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

 

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