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 Nuevos estudios sugieren que los niños que cenan habitualmente en familia tienen un menor riesgo de obesidad. Volver al índiceÍndice de noticias
 

Image courtesy of stockimages/ FreeDigitalPhotos.net

 

 31/10/2014


Más importante que comer en familia, es que la hora de la comida esté rodeada de un ambiente agradable con conversaciones fluidas sobre temas cotidianos evitando usar ese momento para reprimendas o discusiones. También es necesaria una actitud menos controladora por parte de los padres evitando las restricciones y obligaciones severas.


 

Son varios los estudios realizados desde el campo de la nutrición y la pediatría, que han concluido que las comidas en familia se asocian con beneficios para la salud de los niños, como un mayor consumo de frutas y verduras y de fibra en general, así como un menor consumo de frituras y refrescos y de grasas saturadas en general (1,2).

Sin embargo, el por qué de esta asociación no ha sido tratado y para dar respuesta a esa pregunta es lo que ha movido a investigadores del Departamento de Medicina Familiar y Salud Comunitaria de la Universidad de Minnesota en Minneapolis a realizar un estudio con 120 niños entre los 6 y 12 años que fueron elegidos porque cenaban en familia al menos tres veces a la semana (3).

El estudio usó una curiosa metodología y es que registraron en video a través de iPads, las cenas en las casas durante un periodo de ocho días con el fin de analizar los aspectos sociales que rodeaban al momento de la cena en estas familias. Tras el visionado, se registraron los tipos de alimentos que se consumieron, la duración de las comidas así como el grado de comunicación e interacción entre padres e hijos y entre hermanos. En adición a estos visionados, los investigadores también realizaron encuestas a los padres y a los niños.

replica tag heuerDel total de niños participantes, la mitad tenían exceso de peso para su sexo y edad (sobrepeso u obesidad). En general, los resultados mostraron que los niños con un índice de masa corporal adecuado solían tener más comidas familiares y además, dedicaban más tiempo a la cena (un total de 18 minutos en comparación a los niños sin exceso de peso que, de media, dedicaron 13.5 minutos a la cena). Además, el 80% de los niños sanos realizaron las cenas en una mesa situada en la cocina o comedor, mientras que la mitad de los niños con exceso de peso comieron fuera de estos lugares destinados a tal fin (en una habitación, oficina, etc.).

Los autores interpretan que la mayor estructuración y supervisión en el momento de la cena proporcionan un ambiente más controlado que favorece una alimentación más saludable. Pero, sobre todo, hacen referencia a los aspectos sociales de la comida: un ambiente agradable y con conversaciones fluidas se relacionó en mayor proporción con los niños en normopeso, mientras que la hostilidad, discusiones, disciplina inconsistente y actitudes permisivas de los padres se asociaron con aumento de la probabilidad de la obesidad infantil.

Los autores del estudio resaltan que aunque su trabajo sólo demuestra asociaciones entre ambientes familiares positivos y un menor riesgo de obesidad, no implican una relación de causa-efecto, es decir, que no por no cumplir estas características, los niños de una familia vayan a padecer obesidad en el futuro.

Sin embargo, sea como sea, los autores recomiendan generar ambientes positivos durante las comidas además de otros consejos como no utilizar las conversaciones de las horas de la comida o cena para reprender a los niños sobre conductas escolares (por ejemplo relacionadas con los deberes). También es sabido que debe evitarse utilizar los alimentos como premio o castigo, especialmente con alimentos potencialmente obesogénicos (dulces, bollos, snacks, etc.).

Este trabajo ha sido recientemente publicado en el avance on-line de la prestigiosa revista “Pediatrics” y, el mismo día, se publicó otro trabajo en el que se relaciona la alimentación infantil y la obesidad realizado en 64 parejas de gemelos entre 4 y 7 años (4). Lo interesante de este tipo de estudios es que, al tratarse de gemelos, son niños genéticamente idénticos, por lo que las posibles diferencias en el peso corporal se deberán solamente a factores distintos en el entorno en el que están creciendo.

Los investigadores midieron el peso, estatura y cintura de los pequeños y les calcularon su IMC y su porcentaje de grasa a la vez que entrevistaron a las madres sobre la alimentación que recibían sus gemelos. El cuestionario recogía también información sobre si les restringían alimentos, si les presionaban para acabar la comida del plato o repetir, etc.

En general, dentro de las parejas de gemelos, el niño con variables de composición corporal más elevadas era al que más alimentos le restringían, y al otro niño, al que más presionaban para comer. Según apuntan los autores, los resultados sugieren que una alimentación restrictiva puede influir en el aumento de peso de los niños. Esto podría ser explicado porque los alimentos expresamente prohibidos o restringidos suelen causar en los niños un mayor deseo de consumo de forma que, cuando tienen la posibilidad de acceder a ellos sin la vigilancia paterna, los consumen con mayor ansiedad y en mayor cantidad. Por tanto, no se trata de obligar a los niños a no consumir un producto poco saludable sino enseñarle desde pequeños a que elijan preferentemente otros alimentos.

Por otro lado, las obligaciones para que terminen con la comida que se les pone en el plato podrían alterar en un futuro próximo sus mecanismos de saciedad de forma que su cuerpo acabe por aumentar el umbral de saciedad o incluso desoír las señales fisiológicas que les están indicando que están llenos, lo que contribuiría a una sobrealimentación conducente a la obesidad.

 


Todas las conclusiones de los estudios expuestos, ponen de manifiesto la importancia de las actitudes de los padres o tutores de los niños en el momento de su alimentación como factores protectores o potenciadores del exceso de peso.


 

 

Referencias:

1.- Gillman et al. Family dinner and diet quality among older children and adolescents. Arch Fam Med, 2000; 9: 235-40.

2.- Neumark-Sztainer et al. Family meal patterns: associations with sociodemographic characteristics and improved diatary intake among adolescents. J Am Diet Assoc, 2003; 103 (3): 317-22.

3.- Berge et al. Childhood obesity and interpersonal dynamics during family meals. Pediatrics, 13 de Octubre de 2014.

4.- Tripicchio et al. Differential maternal feeding practices, eating self-regulation, and adiposity in young twins. Pediatrics, 13 de Octubre de 2014.

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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